jueves, 28 de agosto de 2014

ese asunto de las enfermedades

Llevo  un par de días pensando cómo armar esto. Siempre fui una niña sana. Nunca me han operado ni tampoco usé yeso. Me iba bien en el colegio, muy bien en realidad. Mi hermano es sordo y mucho tiempo recibió más atención que yo. Eso realmente no me importaba pero ya de grande me afectó. Me afectó cuando me di cuenta de una extraña necesidad de cuidado. Yo que había sido la perfectita de la familia recibía a los 19 años un diagnóstico crónico.

Durante mucho tiempo para mi, estar enferma era una especie de fracaso. Uno de esos rotundos, como cuando chico uno se tropezaba y caía directamente con la boca al suelo. Cuando me diagnosticaron la trombofilia yo tenía 19 años, vivía con un primo, pololeaba y estaba recién entrando a mi nueva carrera. Todo era bastante agradable, para no decir perfecto, y realmente sentía que tenía mi vida en mis manos. La raja.

La trombofilia es una predisposición a formar coágulos en la sangre y en mi caso, es por carga genética. Recuerdo que tuve que hacerme mil exámenes, muy caros por supuesto, para que me diagnosticaran una enfermedad que de seguro no me va a permitir estar en ninguna isapre. Caída máxima. Recuerdo que al conocer a mi nueva doctora no podía entender mucho de lo que me decía, porque mi cabeza estaba visualizando como iba cayendo al suelo. Un golpe certero. Me acompañó mi abuela, la culpable de los genes y hablaba y hablaba de las pantys apretadas para viajar, que olvídate del sauna y de las termas e incluso de los guateros y dale la bienvenida a los moretones. Salí de la consulta a llamar a mi pololo. Ya en ese momento me sentía un cacho. Más encima tenía que comunicarle una muy mala noticia. No podría tomar anticonceptivos. Ocurre que estos aumentan la posibilidad de hacer un trombo, cosa que claramente tenía que evitar.

Insisto, un cacho. Cacho por no poder culear tranquilos porque la señorita no puede tomar pastillas. Cacho porque no puedo tomar cualquier remedio si es que me siento mal. Cacho porque tengo que sacarme sangre cada 2 o 3 semanas. Cacho porque no puedo comer mucha lechuga. Cacho. 

Llevo dos semanas pensando cómo escribir sobre esto. Dos semanas craneándome  cómo contar lo suficiente como para que no descubran lo que me ocurre, pero lo necesario para que se puedan imaginar cosas. Pensé en hacer un juego y apostar qué es lo que ustedes creen que son las palabras que encabezan mi ficha clínica.

Lo cierto es que me canso cuando camino mucho, sobretodo en las mañanas. Me cuesta despertar, pero duermo sin problemas. Atrás quedaron los meses de insomnio. Vivo con mareos y náuseas constantes y todavía me molestan cierto tipo de luces o ruidos. Dicen que eso pasa, pero aún me agobian los supermercados y su musiquita de mierda. Me tiemblan las manos y se me olvidan las cosas
.
El lunes fui al siquiatra, a mostrarle exámenes y para hablar de las cosas que me preocupan.  El miércoles me encontré, como  todas las semanas con la Roxana, mi sicóloga. Estamos trabajando en las características de mi personalidad que debo modificar, para, en resumidas cuentas vivir mejor y feliz. Mucha auto exigencia, culpa y castigos rondan por mi cabeza.

Llevo tres semanas pensando cómo escribir sobre esto. Me diagnosticaron cuando estaba en la clínica, el año pasado. No podía creerlo. En realidad no estaba en condiciones de razonar mucho. Entré dopadisima y sin entender casi nada. Estaba tan desorientada y lo único que quería era conocer a las otras internas. Y a mi familia, por sobretodo ver a mi familia. Estaba enojada, sí. Recuerdo que estaba enojada y no aceptaba a la enfermera que me cuidaba día y noche.


Llevo tres semanas y un par de días releyendo y escribiendo esta crónica. La cosas han  empeorado y me siento muy débil. Tengo miedo. Hago todo lo que puedo hacer: bailo zumba dos veces a la semana, una hora por sesión y por lo general, me repito dichos del tipo: no hay mal que por bien no venga y que todo pasa por algo. Ojalá sea así, dios mío. Que toda esta mierda pase.

No hay comentarios:

Publicar un comentario