jueves, 28 de agosto de 2014

algo de lo que no quieres hablar

Yo siempre lo defendí. Incluso cuando mi mamá necesitaba tirarle mierda con ventilador. Lo defendía a él, con quien tenía peor relación y lo hacía tratando de aferrarme a una figura que inventé en mi mentecita adolescente. Complejo de electra por mil.

Lo defendí incluso cuando me enteré de que viajaba a Santiago a juntarse con su polola y yo, en la misma ciudad le respondía el teléfono sin saber que estábamos tan cerca. Yo asumía con tristeza que más de mil kilómetros nos separaban. Pero no, él los había cubierto sin querer incluirme. Llamadas telefónicas diciendo que me extrañaba mucho, que qué ganas de verte, Francisquita. Mentiroso.

Recuerdo perfecto como me enteré: me junté con un primo para una transa de no recuerdo qué. Antes de despedirnos me dijo que qué rico que en este último tiempo había visto harto a mi papá. Un balde de agua fría es poco. A partir de ese momento me alejé. Lo peor de todo fue que no sabía cómo cresta decirle lo que me estaba pasando. Sus manipulaciones afectivas seguían dando resultados y equivocados mails con frases del tipo “me gustaría volver todo el tiempo atrás” llenaban mi bandeja de entrada.

Me aseguró que estaba haciendo terapia y que quería arreglar las cosas. Cada vez que yo viajaba a Puerto Montt me llegaba a doler la guata el solo hecho de pensar en juntarnos. Me lo imaginaba llegando oculto detrás de sus anteojos de sol. Hola mi amor, que linda estás. Sabía que pediríamos unos shop y luego de hablar de un sinfín de trivialidades, como cada vez que nos juntábamos, me preguntaría que por qué estoy tan distante, que no entiendo que te pasa, será que tienes problemas en la universidad.


Es triste cuando se quiebra la imagen que tienes de alguien, sobre todo si es de uno de tus padres. Pero ya está y el camino hay recorrerlo. Hubo un tiempo en que mi sicóloga le prohibió acercase a mi. Pero ya eso es camino avanzado, lo desbloqueé de whatsapp y terminé de recoger los pedazos que se cayeron de su altar. Lo quiero y ya no tiemblo cuando me llama por teléfono. Nos juntamos y hablamos del tiempo, de las noticias y de libros. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario