Es constante. Tengo miedo desde
que me levanto. Tengo miedo desde antes, desde la noche hasta que me duermo y
luego de ahí cuando abro los ojos y ya es un nuevo día de angustia. Me siento
débil y ridícula por esto que siento y no entiendo.
No quiero quedarme sola en el
departamento y en ninguna parte en realidad. Me siento tan tonta sintiendo
esto, tan tonta. Es que también me agota y estoy cansada todo el día. Siento la
guata apretada y me cuesta comer. Me gustaría juntarme con mis amigos pero no
siempre las cosas calzan como para que vengan a mi casa. También me gustaría ir
a la universidad, pero el paradero parece un lugar tan grande y solitario que
se me dan vuelta las tripas el solo hecho de imaginarme ahí parada. Sola.
La semana pasada lo logré y
estaba muy contenta. Me sentía orgullosa de mi e incluso ya tenía una técnica
para movilizarme. Me enchufaba a los audífonos y ponía a todo volumen la música
en el IPod. Pero parece que ya no puedo. Y no sé bien por qué.
La otra noche le conté un poco a
mi papá sobre esto que me está pasando y me dijo que me pusiera una polera de
Superman debajo de toda mi ropa, para que así, cada vez que empiece a sentir que
estoy colapsando, recordara la polera y todo el poder que tengo en mí. Me
sorprendió su metáfora y claramente el problema es ese. No me la creo y no sé
hasta dónde voy a llegar. En realidad, si sigo así, no voy a llegar muy lejos.
Una noche iba volviendo sola
desde el departamento de la Antonia. Había recurrido a todos mi métodos contra
la angustia. Pero el destino me falló. Habían cerrado mi salida del metro, vaya
a saber uno por qué. La cosa es que ese desajuste me pilló desprevenida y no
sabía bien qué hacer. Quise llorar, pero antes de soltar las lágrimas me subí a
un taxi que me llevó hasta mi casa. Por suerte no fue tan terrible, pero me
llamó mucho la atención haber perdido esa capacidad para resolver problemas de
manera efectiva. Y sin llorar, claro.
Mi mamá me acompaña sin chistar,
pero no es justo quitarle todo el día y mucho menos quiero estar atrapada en
estas cuatro paredes. Me da pena y tengo la garganta apretada casi todo el día.
Lloro un poco en el baño y me dan ganas de morir. O por lo menos de cortarme un
poquito el brazo izquierdo, lenta y muy dolorosamente ¡qué satisfacción! Y he
pensado seriamente en vomitar, pero vomitar no ayuda a desaparecer, ni a dar
vuelta la página, como debiera ser.
Tienes que ir al desierto
ResponderEliminarAhí donde sólo hay viento
Pararte arriba de una duna
Tus orejas solo sirven para que el viento susurre
Algo que solo tú podrás escuchar
Sola en medio de la nada
Sin una sola gota de vida a tu alrededor
Parate arriba de una duna
Y respira
Solo así se respira